viernes, 14 de marzo de 2008

¿por qué sigues anhelando vivir en la vereda?




La verdad es que no sé porque te enojas… ya sabías lo que iba a pasar, no sé qué vida tratas de vivir o de robar… es más, cuando por fin la tengas no la vas a querer, ¿por qué sigues anhelando vivir sobre la vereda? Hombres vienen y van a tu vida, y como diríamos nosotras, “está bien si lo sabes manejar”… pero qué sucede al día siguiente en que te levantas a trabajar? Las miradas al espejo suben y bajan… un olor familiar te invade, es el cigarrillo sobre tu almohada y el olor a alcohol sobre tus sábanas, tu silueta torpe en ropa interior desgastada -de ser admirada quizá-, orgullosa -hasta- tu rostro, te preguntas como llego ese rímel oscuro a tus mejillas, el cabello maltratado, y porque no decirlo… un moretón en el brazo por la caída de ayer; entras a la ducha, te bañas en perfume disque para disimular lo indisimulable, no comes en todo el día, no te llama quien esperas que te llame, no hay beso, no hay abrazo… no hay cortesía, hay salvajismo, hay lujuria, hay algo que llamas control y diversión… hoy en día, cada ser humano se ha convertido en un baúl de secretos y ocultismo, hay un momento en el que has caído tan profundo, que solo te queda subir… la baja autoestima que hay en la generación de nuestro siglo se ve reflejada en la ansiedad por vivir todo apresuradamente; las lecciones de vida son tan mal aprendidas, por ser pasadas por alto, que hay que volverlas a repetir una y otra vez, caes… caes… y vuelves a caer, la infelicidad malinterpretada por momentos de éxtasis de una noche conlleva a mi generación a una depresión constante, insatisfacción con la vida, y olvido de Dios. Lo peor de todo… es que la manzana es tan seductora, que no medimos las consecuencias de nuestros actos…